QR3D

Soportes de mesa con QR para un restaurante

Veinte mesas, veinte soportes. Lo que decide si funcionan no es el diseño, es el material, la altura y no confundir dos códigos distintos en la misma pieza.

El cartón plastificado con el QR de la carta dura tres semanas: se dobla, se mancha de aceite, se le levanta el plástico por las esquinas y acaba en un cajón. Un soporte impreso en 3D cuesta unos céntimos de filamento, se imprime en algo más de una hora y aguanta años de trapo y desinfectante. Es de los casos donde una impresora doméstica se paga sola en un mes.

Números antes de empezar

Un soporte de mesa de 70 mm con base sólida pesa alrededor de 15-20 gramos según el relleno. Con una bobina de un kilo salen del orden de cincuenta o sesenta piezas, así que el coste de material por soporte está en el entorno de los 30 céntimos. El tiempo ronda la hora y cuarto por unidad, aunque en una cama grande caben cuatro o seis a la vez y el tiempo total por pieza baja bastante.

Para un local de veinte mesas, eso es una tarde de impresora desatendida y menos de diez euros de filamento.

Tamaño

Entre 60 y 80 mm de lado es el rango que funciona. Por debajo de 60 la pieza se pierde entre el salero y las servilletas y, además, los módulos se quedan pequeños si el enlace es largo. Por encima de 80 empieza a estorbar en mesas de dos.

La distancia de lectura manda: un QR se escanea bien a unas diez veces su lado, así que 70 mm cubren unos 70 centímetros, que es exactamente lo que hay entre la cara de alguien sentado y el centro de la mesa. Si el soporte va en una barra alta o en un atril a la entrada, donde la gente lo mira desde más lejos, hay que subir el tamaño.

Si tu enlace es largo, antes de encoger la pieza revisa el tamaño mínimo de módulo: es lo que decide el límite real.

Material: aquí se juega la durabilidad

PLA para interior, sin dudarlo. Es fácil, barato, sale limpio y aguanta perfectamente el uso de mesa. Su punto débil es el calor: reblandece alrededor de los 55-60 °C.

PETG para terrazas y para cualquier sitio con sol directo. Ese soporte negro en una mesa de terraza en julio alcanza temperaturas que deforman el PLA, y te encuentras la pieza combada. El PETG aguanta bastante más y es casi igual de fácil de imprimir.

Sobre la limpieza: agua con jabón y el trapo de siempre no le hacen nada a ninguno de los dos. Con los desinfectantes hidroalcohólicos el PLA se comporta bien en uso normal. Lo que sí conviene evitar es el lavavajillas —temperatura y detergente agresivo a la vez— y los limpiadores con acetona.

Y un consejo que vale más que la elección de material: filamento mate. El negro brillante bajo los focos de un comedor genera reflejos que impiden leer el código justo en el ángulo en que la gente lo enfoca. El mate elimina el problema de raíz.

Por qué la cara inclinada

El soporte de mesa tiene la cara del código inclinada hacia arriba, y eso responde a dos cosas a la vez. Una, que el cliente sentado lo mira desde arriba en diagonal: una placa vertical obliga a agacharse y una tumbada obliga a inclinarse sobre la mesa. Y dos, que con la inclinación adecuada la pieza se imprime apoyada sobre su propio plano trasero, sin voladizos que requieran soportes. Sale limpia y se despega de la cama sin marcas.

El error más caro: dos códigos parecidos

Muchos locales quieren dos cosas en la mesa: la carta y la reseña. La tentación es poner los dos QR en la misma pieza, uno al lado del otro. No lo hagas. Dos códigos iguales a cinco centímetros confunden al lector —a veces engancha el que no era— y confunden al cliente, que no sabe cuál abre la carta.

Si quieres los dos, sepáralos: la carta en la mesa, la reseña junto a la caja o en el soporte del tique. Momentos distintos, sitios distintos. El de la reseña funciona mejor al pagar, cuando la experiencia acaba de terminar, que durante la comida.

Otros fallos que se repiten

Enlazar a un PDF pesado. Una carta en PDF de 8 MB tarda una eternidad en abrir con la cobertura de un sótano y se ve fatal en vertical. Enlaza a una página web, que carga rápido y se lee bien en móvil.

No comprobar la cobertura del local. Si en el fondo del comedor no hay datos, el QR es inútil por muy bien impreso que esté. Wifi de invitados abierto, o al menos su placa en la pared, resuelve el problema.

Enlazar a algo que caduca. Un enlace a un post de Instagram o a un documento compartido se rompe. Usa un dominio tuyo, o un acortador que puedas redirigir, y podrás cambiar la carta sin volver a imprimir cincuenta piezas.

No dejar carta física. Aparte de que en varios sitios es obligatorio, hay clientes que no van a escanear nada. El QR complementa, no sustituye.

Ponerlo donde se moja. Junto a la jarra de agua o al borde de la mesa, el soporte acaba en el suelo. Va al centro, contra la pared si la mesa está arrimada.

La tanda

Coloca todas las piezas en la cama y lamina en modo «por capas», no por objeto: como todas tienen la misma altura de base, el cambio de color cae en la misma capa para todas y haces una sola parada para la tanda entera. Está detallado en la guía del cambio de filamento por altura.

Imprime una sola pieza primero y pruébala en una mesa real, con la luz del local encendida y con un móvil que no sea el tuyo. Si esa pieza va bien, lanza las diecinueve restantes con tranquilidad.

Pon el enlace de tu carta, elige los colores del local y descarga el soporte listo para imprimir.

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